Nadie que haya pasado por mi vida ha dejado nunca de aportarme algo. Las buenas personas me enseñaron y me enseñan cada día a ser mejor. Las malas me recuerdan que no siempre hay que fiarse de la gente y sobre todo a valorar al primer grupo. Y luego están los luchadores, ese grupo de gente, que puede estar en cualquiera de los dos anteriores, pero que sobre todo te enseñan a no rendirte nunca, ni cuando la vida te suelta ostias con la mano abierta. Yo tengo una amiga así, buena gente y luchadora nata.
Una vez me dijo que ella se había concedido el perdón y la libertad por todo lo que hacía en la vida, porque había mirado a la muerte demasiadas veces a los ojos. Hoy me entero de que la parca vuelve a llamar a su puerta, y no puedo más que estar muy triste, y tener mucha rabia, porque no toca, esta vez ya no le tocaba a ella. He aprendido tantas cosas a su lado, me ha enseñado en tantas ocasiones que estar enfermo no significa ser débil, que estar luchando no significa aprovecharse de los demás, que sonreir es el mejor pago que le puedes hacer a quienes te quieren cuando no te quedan fuerzas...me ha enseñado que todas las situaciones te pueden hacer crecer y ser mejor de lo que eres.
Hoy lo único que me apetece es maldecir, porque no es justo...porque esta vez no le tocaba.
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